martes, 13 de diciembre de 2011

VENCER EN LA GUERRA






Por Gerardo Delgado Silva

Han sido los subversivos y los paramilitares los perpetuadores de la clamorosa estupidez de los odios, del resentimiento, de las abominaciones, de los desenfrenos fratricidas que engendran otros escándalos crónicos de suma crueldad, como un rosario de masacres desde la conquista. Evidentemente, esos conquistadores estaban inmersos en una herencia sicopatológica, propia de los siete siglos de guerrear de los españoles con los árabes. Hechos proditorios y perversos verdaderamente repugnantes.

Horrores que el sectarismo ancestral de los partidos, en épocas pasadas y “gloriosas”, quisieron justificar y ennoblecer en el sentido político de aquella expresión.

Afloró el odio y a esa etapa de violencia se le dio el nombre de “guerra civil no declarada”, con lo cual se disimuló el bandidaje armado protagonizado por guerrillas de grupos adversos.  Contradicciones del hombre moderno que se reflejan con acusadora precisión en ese modelo de heroísmo inútil, como en la guerra que se llamo de los Mil Días, en la cual murieron cuatro mil ciudadanos en la batalla de Palonegro. Toda una carnicería. Enpero, liberales y conservadores suscribieron un tratado de paz en el departamento de Magdalena; otro en Chinacota y un tercero en Panamá en el acorazado Wisconsin de Estados Unidos. Así acabaron una guerra proditoria, haciendo luz sobre la patria.

Esta violencia, este holocausto bárbaro de ahora, suena patético, es mucho más grande que la ocurrida tiempo atrás, hasta la configuración del Frente Nacional, con la filosofía del entendimiento. Ese instante se olvidó, y los genocidios afligen el país, con su impacto tenebroso.

Con su carnicería soberbia, una forma de expresión de la dialéctica canalla del rencor de Caín. Nuestra filosofía. Esto ha facilitado que florezca la industria mortal
del narcotráfico, ese proceso vitando que nos ha causado inmersos daños en lo moral, en lo político y en lo económico, que ha cortado en dos la historia Nacional.

Mientras tanto funcionarios con nexos persistentes con paramilitares someten al país a las miserias políticas, renunciando a los ideales del Estado de Derecho, solo buscan pelechar con los dineros públicos como agentes de la corrupción. El imperio de la venalidad.

Claro que la Ley de Victimas y Restitución de Tierras, es una visión que traza un destino descontaminando verdaderamente, que sirve a un propósito público, con grandeza, que da ejemplo de moral, de reconocimiento a la dignidad humana, y a la justicia; después de semejante sentina de apetitos del inescrupuloso gobierno anterior, por fortuna desenmascarado. TODO EL ARTÍCULO AQUÍ

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